Artículo . April 2026

    Lo que nos enseña la historia sobre las crisis de los precios del combustible y cómo el transporte europeo siempre se adapta.

    Cuando los precios del combustible se disparan, siempre parece como si el suelo se moviera bajo las ruedas de nuestro sector. Sin embargo, el transporte por carretera y aéreo en Europa ya ha pasado por esto antes. Varias veces. Cada crisis se presentaba de forma diferente, pero la respuesta seguía un guion reconocible.

    Diana Apakidze
    Diana ApakidzeChief Growth Officer25 April 2026 / 10 min read

    Cuando los precios del combustible se disparan, siempre parece como si el suelo se moviera bajo las ruedas de nuestro sector. El gasóleo merma los márgenes, el queroseno reestructura las redes de la noche a la mañana, y cada reunión de planificación comienza con la misma pregunta: «¿Cuánto durará esto?». Sin embargo, si ampliamos la perspectiva, el transporte por carretera y aéreo en Europa ya ha pasado por esto antes. Varias veces.

    Sección 01La primera llamada de atención

    Nuestra historia comienza a principios de la década de 1970. El transporte europeo seguía funcionando bajo la premisa de que el combustible sería abundante y barato. Entonces, en 1973, la Guerra de Yom Kippur y el embargo petrolero árabe lo cambiaron todo. Los precios del petróleo se duplicaron con creces en cuestión de meses y, de repente, aparecieron las prohibiciones de circular los domingos, los días sin coches y las colas en las gasolineras de toda Europa Occidental.

    Para los transportistas por carretera y los expedidores, esto supuso un despertar brutal. El combustible, que siempre había sido solo una partida más, se convirtió en el principal factor de coste. Las empresas comenzaron a prestar más atención a los kilómetros en vacío. Los planificadores sacaron más partido a cada ruta. La renovación de la flota ya no se basaba solo en la fiabilidad, sino en el ahorro de combustible por tonelada-kilómetro. A partir de ese momento, la eficiencia energética y el diseño de la red se convirtieron en temas estratégicos, no solo en detalles técnicos.

    Sección 02Cuando la historia volvió a repetirse

    El patrón se repitió a finales de la década de 1970. La Revolución Iraní y el estallido de la guerra entre Irán e Irak retiraron grandes volúmenes de petróleo del mercado. Los precios se dispararon de nuevo. Los detalles eran diferentes, pero el mensaje no. Las empresas que ya habían comenzado a modernizar sus flotas y a recortar el gasto superfluo estaban mejor posicionadas. Otras se vieron obligadas a ponerse al día rápidamente. Los gobiernos también tuvieron que reaccionar: políticas que antes parecían temporales pasaron a formar parte de un nuevo conjunto de herramientas para gestionar la crisis energética, desde impuestos y subvenciones sobre el combustible hasta campañas de ahorro.

    Sección 03Avancemos rápidamente a los años noventa y dos mil

    En 1990, la invasión iraquí de Kuwait provocó una nueva subida de los precios del petróleo. El repunte fue más breve, pero la reacción fue similar. Las aerolíneas recortaron su capacidad y ajustaron las tarifas. Los operadores de transporte por carretera reforzaron el control de costes y revisaron los recargos. Luego llegaron los años 2000. La demanda mundial, la especulación financiera y el aumento de las tensiones en las regiones productoras impulsaron de nuevo los precios al alza, con un pico alrededor de 2008.

    Esta vez, la crisis chocó con algo más: las herramientas digitales habían madurado lo suficiente como para cambiar la forma de gestionar las flotas. La telemática pasó de ser un gadget interesante a convertirse en algo imprescindible. El software de optimización de rutas ayudó a reducir los desvíos y el tiempo de inactividad. Los datos en tiempo real permitieron a los planificadores de rutas cargar los camiones de forma más inteligente, evitar los atascos y reducir el consumo de combustible en cada tramo. Algunos flujos comenzaron a trasladarse al ferrocarril y a opciones intermodales, especialmente en corredores de larga distancia predecibles.

    Sección 042022 y más allá: un mundo más complejo

    El capítulo más reciente comienza en 2022, con una mezcla de recuperación pos-COVID y conflicto geopolítico. La invasión de Ucrania por parte de Rusia, combinada con las tensiones existentes en los mercados energéticos mundiales y los posteriores focos de tensión en torno al estrecho de Ormuz, sumió al gas, el petróleo y los productos refinados en otra montaña rusa. El gasóleo se encareció y se volvió más volátil. Los costes del queroseno se dispararon. Los transportistas por carretera vieron cómo sus costes se disparaban mientras seguían lidiando con la escasez de conductores y las crecientes exigencias normativas.

    Sección 05Lo que siempre ocurre tras la crisis

    Si nos alejamos de la línea temporal y observamos el patrón, suelen ocurrir tres cosas tras cada gran crisis energética.

    1. El sector se vuelve más eficiente

    En la década de 1970, la eficiencia significaba camiones más aerodinámicos y motores que pudieran rendir más con cada litro. Más tarde, significó telemática, planificación avanzada y conducción eficiente en el consumo de combustible. Hoy en día, significa cada vez más elegir combinaciones de vehículos y modos de transporte que simplemente consuman menos energía por tonelada-kilómetro, o cambiar parte de la flota a tecnologías que utilicen la energía de forma diferente, como camiones eléctricos de batería o de pila de combustible de hidrógeno en rutas adecuadas.

    2. Se rediseñan las redes

    Cuando el combustible es barato y estable, es fácil aceptar rutas subóptimas, muchos depósitos y largos desvíos porque así es como siempre se ha hecho. Bajo la presión de los precios, las empresas empiezan a cuestionar cada tramo: qué flujos pueden pasarse al ferrocarril, al transporte marítimo de corta distancia o al transporte combinado, qué depósitos pueden consolidarse, qué viajes de ida y vuelta pueden replantearse para eliminar los viajes en vacío.

    3. Los contratos cambian

    Al principio, muchos transportistas asumen el impacto en solitario. Con el tiempo, el sector tiende a avanzar hacia un reparto de riesgos más transparente. Los recargos por combustible se convierten en la norma en lugar de la excepción. Las tarifas se vinculan a índices. La duración de los contratos se acorta. La conversación entre los cargadores y los transportistas pasa de centrarse en el precio una vez al año a cómo repartimos de forma justa una base de costes variable.

    Sección 06Lo que esta historia nos sugiere ahora

    Entonces, ¿qué significa esta larga historia para un gestor de flotas en 2026, o para un cargador que intenta planificar presupuestos mientras el diésel y el queroseno siguen pareciendo impredecibles?

    Una conclusión es que las crisis energéticas no son «cisnes negros». Son características recurrentes del panorama. Tratarlas como excepciones raras dificulta la preparación. Considerarlas como acontecimientos cíclicos facilita justificar la inversión en resiliencia: en mejores datos, en contratos más flexibles y en modos y tecnologías alternativos.

    Otra conclusión es que las mejores respuestas suelen ser aquellas que tendrían sentido incluso si los precios fueran estables. Una ruta que recorra menos kilómetros y tenga menos tramos en vacío es un buen negocio en cualquier escenario. Un conductor que sabe cómo ahorrar combustible seguirá ahorrándolo el año que viene. Una red con opciones intermodales sólidas seguirá siendo más resiliente cuando se produzca la próxima crisis geopolítica.

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